
Mollendo se llamaba el recinto, con ta solo mencionar su nombre la presencia de un ser, que pernoctaba con sus armas de fuego, rudo gordo y deportista. Como guardían atrincherado de un lugar sin más habitantes que él.
Él habita la casona al filo del río, la cual recorre a paso ligero con sus pantuflas de terciopelo . De vez en cuando lo visitan las palomas y algunos reodedores que le roban su cena. Sin más compañero que el viento se alista rutinariamente para descansar. Deja tendido su suave pañuelo y se hecha a soñar.

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